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LIBERTAD CONDICIONAL POR ENFERMEDAD

EXALCALDE LIBERTAD CONDICIONAL

LIBERTAD CONDICIONAL POR ENFERMEDAD

En esta última semana ha tomado, en las redes sociales, una fuerte relevancia el tercer  grado  por enfermedad debido a la progresión al mismo a un conocido exalcalde condenado a prisión por numerosos delitos de corrupción.

Siguiendo con el hilo del post del pasado viernes continuamos hablando de libertad condicional, en esta ocasión por enfermedad.

Cuando una persona padece una enfermedad grave e incurable, (lo mismo ocurre si tiene setenta años o los cumple durante la condena) si se dan los demás requisitos establecidos con carácter general para la concesión de la libertad condicional excepto tener cumplidas las tres cuartas partes, podrá ser propuesta para libertad condicional.

La persona, en primer lugar, deberá ser progresada a tercer grado, suele ser una tramitación lenta en la mayoría de las prisiones, salvo situaciones excepcionales, y la concesión de la libertad condicional es casi simultánea al progreso a tercer grado.

Los argumentos que habitualmente son utilizados para la petición de esta medida hacen referencia principalmente a que no es necesario que el enfermo esté a punto de morir  para ser excarcelado. En estas situaciones los principios de humanidad y dignidad de las personas tienen que predominar  sobre cualquier otra consideración legal. Junto al derecho de la dignidad humana en vida, se reclama el derecho a una muerte digna, lo que conlleva una cierta calidad de vida antes de la muerte.

En todo caso siempre tenemos que tener en cuenta que la pena, en estas ocasiones, ya no cumple la finalidad de resocialización.

En cuanto a quién y cómo se puede solicitar la libertad condicional por enfermedad incurable tenemos que decir que lo puede hacer la Junta de Tratamiento, a instancia de los servicios médicos y también puede solicitarlo la persona presa directamente al Juez de Vigilancia, o el abogado.

Para solicitar la libertad condicional por enfermedad es muy importante hacer referencia a dos cuestiones:

  1. En primer lugar, hay que explicar la situación física en la que se encuentra el enfermo a través de informes médicos de la propia prisión u otros que se tengan de hospitales públicos. Si no se tiene habrá que solicitar al médico de la cárcel que los realice, o que sea el médico forense del juzgado u otros facultativos privados que pueden ser llamados a la cárcel de forma particular por el preso.
  2. En segundo lugar, es importante en los casos en que se solicite la libertad condicional, que las personas que se vayan a hacer cargo de las persona enferma hablen con el director  o juez de vigilancia a fin de exponerles la situación y presentar garantías suficientes que acrediten que esa persona va a estar atendida. De no tener ninguna persona el preso que pueda atenderle tendrá que dirigirse a al trabajador social  de la cárcel para que le gestione algún recurso sanitario público o a alguna asociación de apoyo a presos.

La cruda realidad es que esta medida es muy difícil que la conceda  el juez de vigilancia en su debido momento siendo más habitual que espere, para su concesión, a un estado preágonico del preso  siendo este un momento tardío puesto que dejaría de cumplir con el espíritu y la finalidad que la  propia medida libertad condicional por enfermedad conlleva en si misma.

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